La inteligencia artificial ya forma parte del día a día de la producción audiovisual para marcas. Según el informe anual de Wyzowl, el 63% de quienes hacen video marketing ha usado herramientas de IA para crear o editar videos, frente al 51% del año anterior. Por eso, la pregunta ya no es si usarla, sino cómo porque al otro lado de la pantalla, el público está cada vez más atento a lo que se ve artificial.
Lo que el público ya está detectando
El informe State of Video 2026 de Animoto, citado por Quartz, muestra que cerca del 83% de los consumidores cree haber visto un video generado por IA. Las señales que más mencionan son gestos robóticos (67%), voces poco naturales (55%) y falta de tono emocional (51%). Y no es solo un detalle estético: el 36% dice que los videos de marca generados con IA empeoran su percepción de la marca.
El DMEXCO Marketing Reality Check 2026, elaborado en Alemania junto al instituto Civey, apunta en la misma dirección: el 65% de los consumidores tiene una percepción negativa de la publicidad creada con IA.
Dónde la IA sí suma
Los datos no indican que haya que dejar fuera la IA. Indican que su mayor valor está en el proceso y no en la cara visible del video. Estos son algunos usos donde suele aportar sin exponer a la marca:
Preproducción
Lluvia de ideas, borradores de guion, storyboards y referencias visuales para alinear al equipo antes de grabar.
Edición y posproducción
Subtítulos automáticos, limpieza de audio, reencuadre a formato vertical y versiones de distinta duración a partir del mismo material grabado.
Adaptación y escala
Traducciones o variantes para distintos canales y audiencias, siempre con una revisión humana antes de publicar.
Esto coincide con lo que reportan los propios equipos de marketing. En el estudio de DMEXCO, la razón más mencionada para ampliar el uso de IA es mejorar la eficiencia (36%), por encima de la creación de contenido (28%).
Dónde puede dañar
El riesgo aparece cuando la IA reemplaza justo lo que el público busca en un video de marca: personas reales y emociones creíbles. Estos son algunos escenarios de mayor exposición:
- Voceros o presentadores sintéticos en lugar de personas reales del equipo o de la comunidad.
- Testimonios, cuyo valor depende por completo de que sean auténticos.
- Piezas emocionales o de marca, donde un gesto rígido o una voz plana rompe el mensaje.
- Temas sensibles como salud, finanzas o asuntos legales, donde la credibilidad es aún más frágil.
La transparencia como regla
Según el Consumer Trends Report 2026 de WARC, el 78% de los consumidores considera muy o extremadamente importante que el contenido generado con IA esté claramente identificado. Además, el 85% afirma que saber que una obra fue hecha por una persona la vuelve más valiosa. Avisar cuándo una pieza usa IA de forma relevante es una buena práctica ética y, a la vez, una forma de proteger la confianza del público.
Conclusión
La IA puede acelerar y abaratar buena parte del trabajo audiovisual, pero no reemplaza la credibilidad de ver personas reales en pantalla. Un criterio práctico para decidir es usarla con libertad en lo que el público no ve, con cautela en lo que sí ve y siempre con transparencia. Wyzowl también registró que la proporción de marketers que reporta un buen retorno del video bajó del 93% al 82% en un año. Es un recordatorio de que producir más videos no significa producir mejores videos.
Fuentes
Wyzowl, Video Marketing Statistics 2026.
Animoto, State of Video 2026, vía Quartz: “El video de IA puede ser un campo minado para los mercadólogos” (21 de enero de 2026).
DMEXCO y Civey, DMEXCO Marketing Reality Check 2026, vía Programmatic Spain: “El 65% de los consumidores valora negativamente la publicidad generada con IA” (22 de septiembre de 2026).
WARC, Consumer Trends Report 2026, vía Reason Why: “El consumidor de 2026 busca refugio en el gasto emocional y exige transparencia a la IA” (24 de abril de 2026).
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